MOISÉS INDIGNADO

Al ver el Moisés de Miguel Ángel pensé en un gigante, quizás porque el autor lo era. Extraer de un bloque de mármol de Carrara un ser semejante es obra de titanes. Realizado en bulto redondo, con una expresión de ira en su rostro, o actualizando, indignada. Representa el momento en el que Moisés bajando del monte Sinaí con las Tablas de la Ley, descubre que su pueblo sigue al becerro de oro, ídolo al que los israelitas adoraron en su ausencia. Su cabeza rotada hacia la izquierda (al igual que en su David) junto al movimiento de su pierna izquierda nos sugiere una disposición  a levantarse. Los brazos junto al cuerpo, el derecho aguanta las tablas y el izquierdo sobre su estómago, al mismo tiempo que sus manos tocan sus largos cabellos. Un movimiento contenido. Un líder que tenía 80 años y que Miguel Ángel lo representó mucho más joven.



Tenía que ser un conjunto monumental para la tumba del Papa Julio II en la Basílica de San Pedro, pero quedó reducido a unas cuantas figuras que lo acompañan  en la iglesia de San Pietro in Vincoli.  Sigmund Freud al visitar la iglesia en 1909 dijo que ninguna obra le había producido  un efecto más intenso que ésta y vio en la escultura, a un Moisés que se tragaba su ira y que sujetaba las tablas contra su cuerpo para protegerlas de caer y que no se rompiesen. Una interpretación opuesta a la tradición que había visto a un Moisés dispuesto a arrojarlas. Los estudiosos de Freud ven en su interpretación su biografía, señalando su propia situación dentro de la historia del  movimiento  psicoanalítico.


La obra de arte que Miguel Ángel esculpió, tiene el don de devolvernos todos los pensamientos y elaboraciones que hacemos. A Freud le inspiró un magnífico trabajo, y ahí está, viendo pasar los siglos por ella, con su gesto de indignación atemporal al  percibir que se sigue adorando en este tiempo, a ese mismo becerro que ya solo representa oro, y a los poderosos bancos que son los templos de ahora, alimentados con el dinero público, que sus siervos los políticos le proporcionan. La religión monoteísta por excelencia de nuestro tiempo, es el culto al dinero. Los antiguos dioses han sido borrados por el resplandor del metal. Sólo cabe esperar el retorno de lo reprimido, reencarnado en una nueva espiritualidad humanista, donde el hombre ocupe el centro del universo, medida de todas las cosas, al igual que lo ocupaba en el Renacimiento.
Comentario JCuenca. Fotografías Cèlia Cuenca, J Cuenca.


Comentarios

Leovi ha dicho que…
Preciosas fotos, realmente genial, gracias por darnos la ocasión de contemplarlo con tanta claridad.

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