YO ESTUVE EN LA MASSANA

Vi la torre Agbar encendida de colores en la noche, al salir del flamante "Museu del Disseny" de Barcelona, donde se había inaugurado la exposición  L'Ètica de les petites coses. Consistía en  trabajos de diferentes disciplinas de 85 ex alumnos, número igual a los años de existencia de la Escola Massana. Estuve paseando entre los objetos y haciendo alguna fotografía. Había dibujos, esculturas, diseños, papeles, maletas, obras de gran significado para los autores y que  para mí representaban una mirada hacia atrás en el paso por la escuela. Mientras observaba las obras, miraba a los massaneros que también miraban para ver si nos reconocíamos. Predominaba el pelo blanco y gris en el numeroso público, en vez del negro y castaño que es el que teníamos en mi curso 83/85.  No los reconocí o quizás  no estuvieron los que estudiaron conmigo.
Antes de pasar a ver las piezas de la exposición habíamos escuchado  testimonios de personas vinculadas de una forma o de otra con La Massana, a las cuales  las había presentado Jesús Prieto, que anteriormente  nos informó de la preparación, selección y diversidad entre otras cosas de la exposición.  Su intervención se complementaba con la  que había ofrecido  la actual directora Gloria Bonet. Él también había sido durante unos años director de la escuela, yo lo recordaba como profesor. Habían llegado  momentos antes, cuando ya había mucha gente esperando, lo vi saludando y siendo saludado por los antiguos alumnos o conocidos. Cuando pasó cerca de mí lo saludé, le dije que lo había tenido de profesor hacía ya 30 años, -pues nos conservamos bien-, -- le dije y siguió porque estaba a punto de hacer la presentación que esperábamos junto a Gloria.

Había sido profesor mío de una asignatura teórica, que daba junto a dos profesores más entre ellos Javier Puértolas. Me gustaban sus clases bien preparadas y amenas.
Yo fui a la Massana como si se tratase de un deseo pendiente.  Mi formación en arte fue primero de forma autodidacta,  y ya con treinta años y  con un trabajo "fijo" me matriculé. También por apartarme del taller de carpintería que como negocio familiar tenía mi padre y al cual ayudaba desde hacía muchos años. Al conseguir tener las tardes libres no dudé en ir a la Massana. Mi pasión por el arte sin embargo no fue tardía, desde siempre dibujé, pinté o construí con madera diversos objetos.  La mayor parte de alumnos eran mas jóvenes que yo. Algo atípico, pero el deseo era contrastar mi autodidactismo con la enseñanza de una escuela de arte.

Yo había llegado minutos antes  de que comenzara la presentación a este lugar,  después de bajar las escaleras mecánicas del espacioso vestíbulo del museo y preguntar por la exposición.  Un joven me había indicado lo cerca que me encontraba de ella. En ese momento había poca gente, algunos hablaban, y otros miraban a su alrededor  o a las frases proyectadas de otra exposición cercana. Vi unos micrófonos preparados y un gran cartel    "Querida ex alumna, querido ex alumno: Quisiéramos pedirte un pequeño objeto que para ti represente el rastro de la Massana en tu biografía. Será, unas veces, un objeto salido de una relación, otras un pequeño papel con una nota académica... o amorosa, otras veces aquel objeto-proyecto que presentaste en clase, o un pequeño "pongo" comprado durante un viaje de estudios (o de vacaciones) con tus compañeros, o una pieza que hiciste años más tarde y de la cual estás muy orgulloso. Quisiéramos también una breve frase que acentúe esta huella, esta pequeña cosa.
Con estos objetos haremos una exposición... "  y seguí leyendo mientras llegaba más gente.
Habían pasado 85 años para la escuela y miles de alumnos por sus clases, de los cuales una pequeña selección mostraba su huella en este evento. Mientras venía hacia este lugar, miraba en el móvil la hora a la que comenzaba, iba bien de tiempo. Al salir del metro en la plaza de Las Glorias, destacaba la torre Agbar encendida de colores sobre un cielo aún azulado del atardecer.
Jesús Cuenca.















Texto y fotografías JCuenca.

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