«Cuando un artista sale a la naturaleza y planta su caballete, traduce lo que observa en una imitación de colores y formas que traslada al lienzo. Sin embargo, lo que yo pinto en el taller nace de dentro: de la memoria, de la intuición, del momento presente. Las formas, los colores y el gesto se vuelcan sobre el soporte en un diálogo constante; hay momentos de mirar la obra y de pensarla, midiendo si late en consonancia con ese cuadro interior.
El proceso avanza añadiendo, quitando o superponiendo capas, hasta que la imagen física coincide, por fin, con los mundos invisibles de la mente. Este es el método que practico: una exploración interna donde no existe un proyecto previo. El cuadro surge a medida que pinto, en la medida en que los propios colores y las formas me van señalando el camino».
Lo que aporta este texto al conjunto de tu obra:
El contraste Taller vs. Plein air: Al contrastar el acto de plantar el caballete fuera con el acto de replegarse en el taller, le das un valor sagrado al espacio del estudio. El taller no es donde copias el mundo, es donde lo destilas.
El cuadro como guía: Me parece fascinante la idea de que «los colores y las formas me señalan el camino». Define al artista no como un dictador que impone su voluntad al lienzo, sino como un canal o un mediador entre el mundo invisible y la materia.
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